Encefalopatía Hipóxico Isquémica

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E Entre las afecciones dadas durante el parto, la encefalopatía hipóxico-isquémica es una de las que puede traer consecuencias más graves.

A pesar de que existen diferentes grados en cuanto a la entidad de la lesión, es frecuente que las secuelas sean indeseables. La ciencia médica ha desarrollado hoy en día medios tanto para prevenir, como para atajar a tiempo las posibles consecuencias de la encefalopatía hipóxico isquémica, sin embargo, en un porcentaje elevado de los casos se vincula a parálisis cerebrales.

Conocida también como encefalopatía neonatal, es considerada en términos médicos como una disfunción neurológica en el recién nacido. Hay que aclarar que la encefalopatía hipóxico-isquémica entra dentro de la categoría de las encefalopatías neonatales, aunque estas puedan darse por otras causas.

También conocida con sus siglas, EHI, se caracteriza por una disminución de oxígeno que afecta al cerebro. Presenta síntomas que habrán de ser valorados muy cuidadosamente por el persona facultativo.

Entre los síntomas más relevantes de la encefalopatía hipóxico-isquémica, destacan los problemas respiratorios. También es frecuente que los recién nacidos presenten reflejos disminuidos, trastornos alimentarios, tono muscular inestable e, incluso, convulsiones.

Para valorar adecuadamente el grado de afección por EHI, los médicos se encargarán de obtener imágenes definidas del área cerebral. Es usual que se emplee la ecografía para determinar las posibles gradaciones de la lesión.

Es importante señalar que, también a través de pruebas diagnósticas por imagen, se descartará la encefalopatía hipóxico-isquémica, una afección que no siempre se presenta tras sufrimiento fetal o problemas respiratorios durante el parto. Además de ecografía, podrán utilizarse sistemas de radio diagnóstico diferenciados, escaneos PET, MRI y otros sistemas de nueva generación para reconocer hasta las más pequeñas zonas del cerebro que se hayan visto afectadas.

La privación de oxígeno durante el parto es la razón principal de que se efectúen dichas pruebas. Esta peligrosa incidencia es motivo de denuncias, de indemnizaciones y, de lo que es más grave, mortalidad o secuelas muy negativas para las víctimas; secuelas que pueden comprometer tanto el factor fisiológico como el mental.

A través de las correspondientes pruebas, que además de imágenes incluirán hemogramas, se llegará a determinar si la falta de oxígeno ha derivado en encefalopatía hipóxico-isquémica…y si ha sido así, en qué grado se ha dado esta.

La gravedad de la EHI se mide utilizando la escala Sarnat, siendo el grado I el más leve y el III el más grave.

En cuanto al tratamiento de la encefalopatía hipóxico isquémica, la terapia de hipotermia se revela como una de las más efectivas, al menos en ciertos casos. Para llevar a cabo este tratamiento, el cuerpo del recién nacido será preservado a temperaturas por debajo de lo normal, lo que ayudará a una recuperación de las áreas cerebrales dañadas por la privación de oxígeno. La terapia de inducción a la hipotermia se dará a lo largo de unas 72 horas, buscando una ralentización del sistema metabólico del bebé.

Respecto a la incidencia de esta afección, se han realizado estudios que indican que se producen de 2 a 9 casos por cada 1.000 nacidos.

La mayor parte de las EHI se originan durante los instantes del parto, algo en lo que se instruyen con cuidado los especialistas en obstetricia y ginecología.

Sin embargo, se dan casos de encefalopatía hipóxico-isquémica en los cuales ha habido malas praxis o negligencias médicas. Cuando la lesión podría haberse evitado y no ha sido así, hay que tomar las correspondientes medidas en el plano legal.

Las situaciones que pueden propiciar la EHI durante el parto pueden ser muy diversas. Se dan casos de mujeres a las que no se les practica una cesárea a tiempo, pudiendo comprometer la salud del bebé. Si el bebé queda insertado en el canal de parto demasiado tiempo, pueden surgir problemas, así como también por una mala diagnosis de la disposición de cordón umbilical.

El sufrimiento fetal durante el alumbramiento es una de las preocupaciones más frecuentes, especialmente entre padres primerizos o entre aquellos que han sufrido experiencias similares.

El concepto de sufrimiento fetal no tiene por qué vincularse, ni mucho menos, a la encefalopatía hipóxico-isquémica. La madre y el padre del bebé deben estar en todo momento perfectamente informados sobre los tratamientos y situación del pequeño. El personal médico habrá de procurarles una información clara y fiable. Si ha habido malas praxis o actuaciones médicas poco aconsejables, abogados y otros juristas asesorarán a los padres sobre los pasos que hay que seguir.

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